Cuando una deuda suma

La literatura sobre finanzas personales suele tener algún tipo de obsesión con el tema de la deuda, lo cual tiene sus fundamentos.

Es cierto que la deuda puede convertirse en un problema incontrolable y que puede erosionar las finanzas actuales y futuras de cualquier persona que incurra en ellas irresponsablemente.

Sin embargo, también es cierto que algunas deudas hacen exactamente lo opuesto: permiten consolidar la posición financiera de una persona.

Las diferencias entre una deuda buena y una deuda mala (o incluso tóxica, como se clasifica a las más perjudiciales) suelen ser bastante claras.

Por eso, todos podemos hacer el trabajo de análisis para definir si es que deberíamos de poner en marcha alguna estrategia correctiva con relación a este tema o si nuestra situación es “saludable”.

Una deuda mala ha sido causada tradicionalmente por la compra de bienes innecesarios o que van más allá de nuestro poder adquisitivo.

Es especialmente fácil hoy en día recurrir a la tarjeta de crédito para pagar esa laptop de última generación, la ropa de temporada cada vez que cambia el clima, esa cartera de diseñador o el último lanzamiento tecnológico, que seguramente ni siquiera sabemos para qué sirve, pero que TENEMOS que tener.

Total, ni siquiera tenemos que pagarlo todo a fin de mes, sino podemos pagar una pequeña fracción y satisfacer esa NECESIDAD.

¿Verdad?

El análisis de qué viene después de esta decisión de compra es bastante ligero y no nos ponemos a pensar que ese gustito no programado de S/.500 nos termina costando el doble o más que eso gracias a los intereses y costos de dicha deuda.

Sin embargo, en muchas oportunidades, la deuda es una herramienta que nos permite acercarnos más rápidamente a nuestros objetivos financieros.

El crédito hipotecario es un claro ejemplo.

Obtenemos la oportunidad de comprar una propiedad que no podríamos costear en efectivo y hacer realidad el sueño de la casa propia.

Esta propiedad, a diferencia de los ejemplos anteriores, tiene un valor (que muy probablemente irá mejorando en el tiempo), sirve un propósito básico (de proporcionarnos vivienda), y ofrece la oportunidad consolidar nuestro patrimonio con un activo que sirve de base para toda la estructura financiera de la familia.

Eso sí, el pago de dicho crédito debería de estar incorporado como parte del presupuesto personal como uno de los egresos básicos mensuales.

Además, no debería de ser causal para privarnos de otras necesidades ni del ahorro.

Recuerden que un crédito de este tipo está respaldado por un activo (la propiedad) y, por lo tanto, si incumplimos con el pago mensual del mismo, nos exponemos a perder lo que ya aportamos y la propiedad.

Por este motivo, muchos expertos sugieren tener un “colchón” de ahorros que nos permita solventar el pago del crédito hipotecario en caso que nos quedemos sin ingresos o surja alguna situación que limite nuestra capacidad de pago.

Otro tipo de crédito que puede ser beneficioso es el que nos permite poner en marcha algún proyecto que tenga el potencial de generar ingresos futuros.

Si tenemos una idea y queremos aventurarnos a un emprendimiento, muchas veces debemos recurrir a la deuda para ponerlo en marcha.

De ser exitosos, habremos conseguido, gracias a un préstamo, generar una fuente de ingresos que mejorará nuestro posición financiera a futuro.

Por lo tanto, si estamos dispuestos a asumir el riesgo, esta es otra de las situaciones que nos permitirá beneficiarnos de una deuda.

A fin de cuentas, cada quien decide qué tipos de deudas quiere tomar y qué se siente preparado para asumir.

Sin embargo, no todos evaluamos la conveniencia de hacerlo ni las consecuencias futuras de nuestra decisión.

Recién cuando nos damos cuenta de cuánto nos costó en el largo plazo es que nos arrepentimos (cuando optamos por una deuda mala) o nos alegramos (cuando nos beneficiamos de la deuda) de haber optado por el préstamo.

Fuente: FinanzasPersonales

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